Renacer

Siempre quise vivir y nunca desfallecí pensando que era mejor morir. Sin embargo, no pensé que durar en el tiempo me traería tantos sinsabores. Mi memoria está rota en mil pedazos y a su vez, cada uno de ellos fragmentado; está llena de entremezclados buenos y malos momentos de familia. Evoco, sin la seguridad de saber, que al final solo eran mis hijos velando mis restos sobre la cama. Luego todo se trastoca, me parece subir y bajar, ser, no ser y ser nuevamente de manera distinta en una danza demencial que emprende mi alma.

Es el principio, comienzo a reconocer mis problemas. De seguro no son mis cabellos, tengo muy pocos y cortos. Mis músculos no responden, es como si tuviera un Parkinson que se ha hecho galopante; no puedo coordinar ningún movimiento y trasladarme de un lado a otro requiere de una preparación que los que me cuidan no están dispuestos a repetir continuamente y por eso, me han condenado a permanecer en una misma habitación.

Mis ojos, que apenas ven, ni siquiera me orientan sobre la forma y dimensiones de la morada. Es parte de mi prisión no reconocer donde estoy y que mis memorias inventen cada detalle de sus límites hasta que al final todas ellas sean borradas.

Podría haber sido peor, lo admito, me hubiera aterrado que encargaran mis cuidados a extraños, como otras veces. No controlo los esfínteres, no me doy cuenta y, aunque llore, varias veces deben cambiar mis prendas enchastradas con heces y orina.

Me desnudan sin el menor miramiento, tenga frío o calor. Protestan cada vez, como si dependiera de mí y me limpian sin decoro las partes pudendas. Me acomodan un pañal, lo ajustan con las cintas adherentes y me cubren con nuevos ropajes; es tanto el hastío que ya ni les preocupa el próximo evento.

No tengo días ni noches. De día se mezcla a deshora la luz del sol con la de las lámparas, y de noche, su oscuridad se confunde con la de las cortinas cerradas. Mi universo está poblado de sombras y colores que se mueven sin concierto, de infinitos ruidos ignotos que a veces me gustan y otras tantas me irritan. Únicamente reconozco con amor y nostalgia el palpitar de un primigenio corazón.

El tiempo parece transcurrir solo en mi mente y puede ser una mentira como otras que se confunden en un maremágnum de sensaciones, sin embargo, lo sigo a través de las comidas. Desdentado, no puedo masticar y me conformo con sorber leche o preparados de polvos nutritivos y agua, los cuales trasiego sin fondo.

Ya todo cambió. Aunque mi alma es la misma, sigue su camino. Y el ser de mi vida anterior sólo vuelve un instante como mirando por una rendija antes que su memoria sea borrada y reemplazada por mi nueva personalidad que renace con hambre y urge con un grito por el pezón de mi nueva mamá.

Carlos Caro

Paraná, 13 de enero de 2015
Descargar PDF: http://cort.as/USst

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