La baba

Sentía a la baba sobre mi cuerpo magullado, pegajosa, húmeda y a la vez viscosa. Chorreaba de mis cabellos aplastados contra el cráneo y me impedía abrir los ojos o la boca, solo respiraba lento a través de la nariz para poder seguir…, durar…

Olía a podrido, a muerte y a suciedad, encharcaba el suelo alrededor de los pies recorriéndome y goteaba en hilos desde mis dedos. Todo el vello de mi cuerpo protestaba en un escalofrío al pegarse a mi piel, era una sensación espantosa de la cual no sabía cómo salir. El instinto me decía que no debía moverme y tampoco lo deseaba, pues imaginaba un resbalón que me haría caer en esta horrible inmundicia.
Derrotado, quise pensar en Dayre con amor, pero el odio casi abre mi boca, ¿cuántos más debían ser tributo de su libertad? Pueden haber sido minutos o segundos, pero me parecieron horas las que así pasé. Por fin cesó.

Pareció que se hubiera cerrado un grifo y un aliento caliente la fue escurriendo y secando como una pátina. Por miedo a que se solidificara, abrí la boca e inspiré profundo; fui más cuidadoso con los ojos despegando lentamente las pestañas.
Volvió el horror y lo último que veo son los trozos de armas, huesos y armaduras alrededor, mientras que las fauces del dragón se cierran sobre mí.

Carlos Caro
Paraná, 1 de abril de 2015
Descargar PDF: http://cort.as/UV0m

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