El viaje

El autobús de larga distancia sale de la estación abriéndose paso con ignotos chistidos de aire desde los frenos. Me recuerda a las antiguas locomotoras a vapor cuando, entre brumas, lanzaban inesperados chorros sin la menor provocación ni motivo. Al igual que entonces me asombra mi ignorancia de esos secretos mecanismos de las máquinas.

Parto sin rumbo a la aventura como Colón desde el Puerto de Palos; es solo una ilusión llamada realidad que en mi pasaje figure como destino Buenos Aires. Estoy harto de esta chata ciudad que prefiere expandirse hacia los campos cercanos, llenos de espacio, de césped y de árboles en lugar de amontonar, más moderna, un departamento sobre otro para llegar hasta el cielo. Sin embargo, tiene los primeros síntomas de Babilonia y los turistas me confunden con sus idiomas extraños.

También estoy cansado del río, en las cumbres de las colinas me parece habitar un Vaticano que lo adora como a un dios pagano. Los maitines se los rezo cuando se levanta la niebla antes del amanecer y mi vista no alcanza ni para distinguir la otra orilla. El ángelus me encuentra siempre ocupado al mediodía, pero aun así, las campanas que lo distinguen me obligan a adorarlo entre las barrancas que lo contienen. En las vísperas imito al Islam, pero en lugar de apuntar a la Meca me inclino ante la belleza de sus aguas de fuego que se encienden al roce del sol del atardecer.

Ya recorremos la autopista y, para mi sorpresa, aunque la superficie es perfectamente plana y lisa, el autobús oscila rítmicamente hacia adelante y hacia atrás. Cierro los ojos y sueño surcar las olas del mar en un bote de pesca. El agua esta cristalina y azul en un día brillante. Se torna pesadilla, el viento cambia, el cielo se cubre de nubes y el agua se vuelve gris y furiosa, asimismo la cellisca me ciega y tirito de frío. Maldigo atontado “urbi et orbi” y trato de cambiar de asiento, el aire acondicionado me ha congelado la cara.

Al recorrer el pasillo diviso un equipo para preparar mate que ostenta una prominente señora llena de sonrisas y charlas calladas. Lo medito con cuidado, conozco estas lides, pero como el viaje será largo me sentiré menos solitario. Lo previsto, al sentarme a su lado siento en mi mente el descorche de una botella de vino y, saliendo de su interior me invaden las palabras.

Intento replicar pero es como tratar de tapar el sol con las manos. Es un torrente feliz, lleno de anécdotas interesantes, también aparecen fotos: del marido, hijos y nietos. Insiste en convidarme con un mate que rechazo amable por cuarta o quinta vez, le he explicado que aquí en el litoral lo toman amargo y así no me gusta.

Dicen que es similar al café, puede ser, pero lo que lo distingue es su carácter de rito compartido, en realidad se puede beber en soledad, pero, siempre se busca al menos un compañero. Para la matrona que tengo a mi lado no creo que influyan las cualidades de la yerba, deduzco que su verborragia proviene del termo que usa: debe estar lleno de un alcohol tan puro, que no puede retener la lengua.

No sé ni por dónde andamos, me fijo por la ventanilla hasta divisar un cartel que me decepciona por el corto avance, para colmo, este país es enorme y un sencillo viaje a su capital significan quinientos kilómetros.

Nos detenemos en la estación de colectivos de la ciudad de Victoria y con un último frenazo el chófer abre la puerta y nos grita que la escala será de sólo diez minutos. No pierdo la oportunidad, salto como un resorte y me despido con una sonrisa apurada de mi némesis verbal. Al recorrer la estación me apoltrono en un cómodo sillón, también verifico el pasaje que, si bien tiene como destino final Buenos Aires, está marcado hasta Vitoria: ida y vuelta, de modo que espero al otro autobús que me regresará. Repito esta insania dos o tres veces por año, lo hago para sentirme libre, aunque sea por gusto no quiero considerarme un prisionero de las bellezas de esa ciudad, sin embargo, estas son tantas, que sospecho, a Buenos Aires no lograré llegar.

Carlos Caro
Paraná, 30 de octubre de 2014
Descargar PDF: http://cort.as/USrh

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